¿ Y ahora qué? La mitad de La Vida

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“Los seres humanos no nacen de una vez y para siempre el día en que las madres los dan a luz… la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez” escribió Gabriel García Márquez en su libro El amor en los tiempos del cólera. En este sentido, la mitad de la vida es una de los períodos que más nos invita a renacer. Hasta esta etapa –que según varios autores abarca en la actualidad entre los 35 y los 50 años- , se suele vivir desde un “deber ser” y se está muy ocupado con lo que la naturaleza, la sociedad, la cultura y los mandatos nos requieren: la paternidad, la profesión o el trabajo; esto hace que no tengamos tiempo para mirarnos a nosotros mismos y abandonemos muchas veces nuestro mundo interior. La importancia que tiene esta etapa reside en que, de acuerdo a cómo vivamos y la vocación que tengamos por “volver a mirarnos y reconocernos”, es como transcurrirá el resto de nuestra adultez y vejez.

Por eso vale la pena aprovechar lo que se denomina habitualmente la “crisis de la mitad de la vida”. Y, si entendemos a la crisis como una coyuntura de cambios sujeta a evolución, la idea es que recibamos estos cambios atestiguándolos desde un lugar lúcido de nosotros mismos. Porque, a partir de aquí, se puede ver lo ya realizado con otros ojos, con una mirada que nos permita evolucionar.

Según el psicólogo y psiquiatra suizo Gustav Jung, el problema fundamental de este cambio y el posible “fracaso” radica en que, muchas veces, el hombre intenta dirigir la segunda mitad de la vida con los recursos de la primera mitad. Para que esto no suceda, Jung propone interesantes tareas que, según él, exige esta etapa; la aceptación de la propia sombra, no aferrarse a lo antiguo para poder reconocer lo nuevo, aceptar el desafío de prepararse para una buena y saludable “próxima mitad”, en lugar de intentar empecinadamente una eterna juventud y, sobre todo, el encuentro profundo y honesto con uno mismo. Porque a partir de la mitad de la vida, se produce un llamado de atención donde la realidad muestra que el tiempo ha pasado. Lo más provechoso es comprometerse interiormente para replantear maneras en que se llevará adelante el resto de la vida; tanto revalorizando lo que se ha hecho y abrazando la realidad para seguir adelante, como soltando y cambiando lo que ya no tiene sentido para avanzar. Únicamente luego de una necesaria introspección para saber quién es la persona que ha llegado hasta este momento, así como quiénes son los demás con que hemos transitado la vida, abandonando el “deber” como una obligación compulsiva, es que podemos sentirnos de verdad libres para emprender el resto del camino.

Durante este año se estrenó Rigoletto en Apuros. Su director, Dustin Hoffman, nos enseña que se puede llegar renovado a lo que antes se llamaba la tercera edad: con 75 años se animó por primera vez en su vida a dirigir una película. Sirva este film de Hoffman como muestra inspiradora para animarnos al laborioso camino de parirnos nuevamente si así lo deseamos.


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