Volver a empezar

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Estamos recién asomando al amanecer de un nuevo año. Es una gran oportunidad para Volver a empezar. Según el maestro Zen Thich Nhat Hanh; deberíamos estar siempre ejercitando “la práctica del Volver a empezar” que, de acuerdo a sus palabras, significa estar dispuestos a no cometer los mismos errores que cometimos en el pasado. Esta transformación sucede en el mismo momento que nos decidimos a no actuar del mismo modo que lo hemos hecho en oportunidades anteriores y que no han sido realizadas con conciencia. Éste podría ser un saludable desafío, una invitación a vivir un año diferente, para que nuestra vida se despliegue en el 2015 de una forma lúcida y evolutiva.

Esto suena lógico y casi obvio. Pero, en la realidad, a menudo quedamos atrapados en los mismos círculos conocidos que son los que nos traban a la hora de cambiar lo necesario. Una gran enemiga disfrazada es la culpa. “Disfrazada” porque al sentirnos culpables creemos que reconocemos algo y que eso “es correcto”. Pero la culpa no tiene que ver con la responsabilidad. La culpa sólo nos paraliza, no es más que sentirnos víctimas de nosotros mismos, nos sume en la angustia y no nos ayuda a accionar. La experiencia me dice que quien se siente culpable suele desvalorizarse y sentirse inferior a los demás. Muy distinto es sentir la responsabilidad de haber cometido un error. Este es el primer paso para liberarnos de él. Nos permite aceptar que no se puede cambiar lo que ya hicimos; entonces más que angustiarnos deberíamos buscar caminos para enmendarlo. Una forma es reflexionar al respecto desde una mirada adulta y valorar las consecuencias de nuestros actos para dirigirlos de forma diferente en el futuro. Hacernos responsables de nuestros errores nos ayuda a realizar acciones que nos liberen de ese error, que nos ayude a crecer y que nos amigue con la vida.

Esas son las alternativas más importantes a elegir para el 2015: repetir nuestros errores o lanzarnos a la aventura de aprender de ellos. Arriesgarnos a crecer, a mirar honestamente lo que tenemos que cambiar para abrir las puertas que permanecen cerradas a la espera de que maduremos. Arriesgarnos a ir al encuentro de nosotros mismos y no quedarnos con la parte nuestra que se evade en fijaciones y repeticiones para no avanzar. Volver a empezar en el 2015. Iniciar un año con vistas a vivirlo desde otro lugar, desde ese lugar que sólo conoceremos si nos entregamos a ser aprendices de nosotros mismos. Y nuestros mejores maestros pueden ser nuestros errores. Entonces animémonos a mirarlos de frente, abracémoslos, y agradezcamos que nos enseñaron a no perder la oportunidad de aventurarnos a un 2015 diferente.


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