Cortando etiquetas


Caminando por Madrid, un cartel publicitario de una conocida empresa de telefonía móvil llama mi atención. Su consigna, “Las etiquetas son para cortarlas”. Seguí mi camino reflexionando la cuestión… Antes de etiquetar, sepamos que no se pueden cortar fácilmente las etiquetas con que "estampamos" a los demás. Son las etiquetas que programan la vida de nuestros hijos, las etiquetas que complican la vida de quienes nos rodean, son las mismas que inhiben de "ser" a muchas personas, son las etiquetas que se llevan con peso... Y que traen dolor al mundo...

El rotular al otro implica programarlo con ciertas palabras que harán que su conducta y su vida tomen una dirección en base a eso. Lo más difícil del tema es que habitualmente rotulamos sin ser conscientes del posible daño que podemos causar. En los casos donde tenemos rol de educadores o adultos referentes (padres, abuelos, tíos o maestros) aunque el sentido común nos dice que llamar al otro: vago, tonto, pobrecito, problemático, malhumorado o agresivo no hace más que incrementar esa supuesta condición, la reacción cotidiana nos dificulta evitarlo. Hasta en el mejor de los casos, si siempre le decimos a un niño pequeño “vos que sos tan inteligente” o “vos que sos tan responsable” podemos estar condicionando a un niño a sentirse presionado a responder con un alto grado de exigencia para cumplir lo que el adulto espera, algo que no lo conducirá a ser lo que él quiera ser sino lo que esperan de él.

Otro tema es la etiqueta constante al prójimo. El nombrarlo desde el prejuicio instaurado en nosotros por nuestros propios condicionamientos. De una “violencia sutil” que daña de a poco al otro. Un extremo del que todos recordarán algún caso, es de quien por ser llamado “yeta” queda excluido de algún círculo. Y menos violento, pero igual de injusto, es cualquier juicio o etiqueta que pongamos o nos pongan. Porque siempre condicionan la vida y las relaciones. Por la inconciente necesidad de cumplir con las etiquetas o por intentar defendernos de ellas, la energía de nuestra conducta se usará en base a un rótulo externo y no en base a expandir lo que realmente somos. Y es muy difícil escapar de este circuito.

Un buen ejercicio es observar las conversaciones con la intención de escuchar a los demás y a nosotros mismos y “pescar” los juicios y etiquetas. Esa gimnasia podrá lograr a la larga que desactivemos ese “piloto automático”. Porque, si crees que nunca etiquetas, escuchate más profundamente... La mente humana tiende a etiquetar, el tema es que también tiende a darnos la "razón" de esa etiqueta. Y siempre, indefectiblemente, producto del juicio habrá alguien dañado. Así que al menos aceptemos esa tendencia que hay en nosotros y trabajemos para erradicarla. Por un mundo más parecido al que queremos...


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