Los problemas existen en la Mente


“Sé tu propio terapeuta” es el título de un libro de Ediciones Dharma que compila las enseñanzas del Lama tibetano Thubten Yeshe. Al leerlo, me reconocí en la frase, porque varias veces me he escuchado a mí misma invitar a ser su “propio teraeuta” a mis pacientes. No porque quiera dejar de atenderlos o por estar de acuerdo con las terapias cortas y meteóricas, ni porque sienta que el tema que lo aflije no merezca toda mi atención sino porque, la única manera en que creo que podemos salir de nuestro laberinto interior, es haciendo el esfuerzo de conocernos a nosotros mismos. No podremos solucionar ningún problema en nuestra vida ni podremos lograr ser felices si no nos miramos a nosotros mismos con honestidad y, menos aún, si confiamos en que otro podrá lograrlo por nosotros. Cualquier psicólogo que diga lo contrario me haría dudar de su profesionalismo… Porque los problemas son la contracara de los deseos: cuando cumplimos un deseo aparece otro; cuando solucionamos un problema aparecerá otro. ¿Cuál es entonces la solución? ¿Hay solución? Claro que sí, el conocer nuestras tendencias y mecanismos de respuesta ante la presencia de un problema o de un deseo. Eso es lo que está archivado en nuestra mente y sobre lo que tendremos que trabajar para desactivar. Así los problemas no nos harán sufrir ni los deseos nos descontrolarán.

Y conocernos significa comprender el funcionamiento de nuestra mente. Porque un buen punto de partida es darse cuenta que la mente es la verdadera causante de nuestra infelicidad, más allá de lo que acontezca. Tener esto claro es hacerse responsable de lo que nos pasa y no creer que algo sobrenatural o externo a nosotros es causante de nuestra felicidad. Y el que esté en nuestras manos es una nueva esperanza que se abre en el horizonte de la vida.

Otro punto a tener en cuenta es que todos, absolutamete todos –incluso nuestro terapeuta, si lo tenemos- busca lo mismo que nosotros: ser feliz, liberarse del sufrimiento y sentirse reconocido. Y para eso es muy humano intentar controlar las condiciones externas, la ilusión de control de nuestro mundo nos tranquiliza. Pero, cuántas veces vemos personas seguras de sí mismas y muy “controladoras” que, ante algún imprevisto o cambio de planes, se ven absolutamente trastornadas? ¿Podemos decir que esta persona controla su vida? Si apenas un detalle la hace perder el control… En este sentido, el Lama Yeshe asegura que todos debemos y podemos convertirnos en psicólogos porque cada uno tiene la capacidad de comprender su propia mente y, por lo tanto, debería tener la intención de conocerla. Este sería el verdadero y único control que podemos ejercer, el control para dominar nuestra mente, y paradojalmente nos servirá para abrazar la incertidumbre que significa vivir.

Para lograrlo, sería necesario que, así como al levantarse uno se lava los dientes, desayuna y se viste, le diera unos minutos también a conocer y limpiar la propia mente. Sólo unos minutos deteniendo lo demás para mirar la mente, esa poderosa responsable de hacer que nuestro día sea una tormentosa o saludable jornada. Meditar en esto unos pocos minutos al día nos abre un mundo distinto, un mundo con la posibilidad de desactivar lo que nos hace sufrir y entregarnos a lo que la vida nos invita a cada momento.


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