El alma colectiva


Para sintonizar el alma, que es la invitación de esta columna, hay que sintonizar también “el alma colectiva”. Como cuando se habla de psicología, siempre debe pensarse en su dimensión social o como “psicología social”. Somos seres que nos construimos viviendo en relación con otros, que vamos siendo en función de nuestros vínculos, de nuestra manera de responder ante lo que la sociedad nos brinda y nos pide. Y, en ese sentido, un cambio de gobierno en un país democrático es una nueva apuesta y propuesta para seguir conformando el inconciente colectivo que se va construyendo entre todos y que nos construye a cada uno. Y según cómo nos entreguemos a este nuevo ciclo, también significará cómo nos sintamos con nosotros mismos. Esto es independiente de ideologías o de bandera política. Cualquiera sea el partido que creamos que nos identifica, el gobierno democrático siempre representa a todos y es una invitanción a celebrar la alternancia. Y cada uno es parte de esa celebración.

En esta ocasión tan especial donde celebramos el traspaso democrático y en el que asumió otro presidente elegido por el pueblo, viene a mi memoria el discurso brindado al asumir la presidencia de quien ya fuera Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela. Pronunció palabras de Marianne Williamson que quedaron en la historia como una gran apuesta a la reconciliación y que dicen así: “Nuestro miedo más profundo no es el de ser inadecuados. Nuestro miedo más profundo se debe a que tenemos un poder ilimitado. Es nuestra luz lo que más nos aterroriza, no nuestra sombra. Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para mostrarme brillante, espléndido, fabuloso y lleno de talento? Pero, en realidad, ¿quién eres para no mostrarte así? Eres un hijo de Dios. El hecho de que juegues a ser menos de lo que eres no beneficia al mundo. El hecho de reducirte para que los demás no se sientan inseguros a tu lado no es nada recomendable (…) A medida que dejamos brillar nuestra luz, inconcientemente damos permiso a los demás para que hagan lo mismo. A medida que nos liberamos del miedo, nuestra presencia libera automáticamente a los demás”.

Estas brillantes palabras invitan a abandonar miedos, a dar lo mejor de sí mismos, a no esperar menos de lo que esta oportunidad puede dar, a no sentir inseguridad sino confianza en nuestro propio potencial, a apostar por la luz que cada uno pueda aportar. Y esta es una invitación a cada uno, porque iluminar al país es iluminarnos como personas. Porque dar lo mejor a la sociedad es convertirnos en mejores individuos y porque lo que hagamos es siempre ejemplo para quienes nos rodean. Y todos estamos involucrados en el país que vive y late cada día. Y cada uno es parte de ese latido colectivo.


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