¿Estás dispuesto a recibir?


“La capacidad de recibir multiplica en el otro las ganas de dar” escuché decir a Joan Garriga en una conferencia. Coincido. La generosidad está en el dar pero se expande al saber recibir. Muchas personas están dispuestas a dar, y esto es muy valioso, pero lo hacen desde un rol de “dador” a veces algo rígido; no pueden percibir lo que “toman” en el acto de ofrecerse. Se sienten muy seguros y alimentan su ego y van cristalizando un rol que, a la larga, no produce bienestar emocional. En el extremo: dan desde la soberbia de creerse “poderosos”. Es así que, en un momento dado, pueden entrar en una crisis y sentirse agobiados por una vida que sienten ha sido de “servicio” y de cumplir la demanda de la vida o de los otros.

Por eso es recomendable ser conscientes de lo que sentimos cuando damos y desde qué lugar lo hacemos. Siempre que sintamos que, en cada acto de brindarnos estamos también recibiendo, nos hará sentir plenos y en armonía con la vida; con nuestra manera de vincularnos. Estamos caminando a la par de la vida y de los otros. Por eso, estar disponible para recibir implica un acto de humildad, confianza, agradecimiento y aceptación. Recibir desde un lugar despojado de demanda sino pleno de apertura.

Dar desde la humildad nos permite recibir. Creernos iguales y percibir que en cada acto de entrega hay también un abrirnos a lo que el otro nos ofrece. El dar humildemente es un acto que permite también comulgar con el semejante y recibir de él lo que tiene para darnos.

Dar desde la confianza nos permite recibir. Confiar cuando damos. La desconfianza nos lleva al miedo y el miedo nos enfrenta y convierte al otro en enemigo.

Dar desde el agradecimiento nos permite recibir. Es sentir gratitud hacia la vida por contar con esos recursos que estamos ofreciendo. Hemos sido privilegiados por tener la capacidad de aquello que estamos brindando. Además, percibir lo que el otro nos devuelve en su mirada, en su accionar o, simplemente, agradecer lo que hemos provocado si esto mejora en algo su pequeño gran mundo.

Quien da amorosamente también es responsable de cuidar de su bienestar. Un gran aprendizaje es abrirse a la capacidad de recibir. Paradójicamente, a menudo vemos que quienes necesitan más ayuda, menos pueden tomarla. Veamos qué parte de nosotros podemos flexibilizar, ablandar y disponer para darnos cuenta que en todo acto de entrega hay una fuerza fascinante y contraria que nos permite abrirnos a la maravilla de recibir. Es el camino para sentir que la vida ni nadie está en deuda con nosotros ni nosotros en deuda con la vida.


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