Haz lo máximo que puedas


Uno de los ejercicios a los que invita el conocido libro de Miguel Ruiz “Los cuatro acuerdos” es hacer lo máximo que podamos. Aunque parezca una exigencia, es todo lo contrario. Es la única manera de ser verdaderamente libres.

Muchas personas están habituadas a creer que lo máximo que pueden hacer es más de lo que el cuerpo físico, psíquico y emocional les permite. No se escuchan. No perciben las señales internas. Miran el afuera, al que ven como una exigencia, y cumplen con la demanda. Cientos de motivos pueden llevarlas a esta actitud. Son, por ejemplo, quienes llegan agotadas a una consulta porque ya no pueden con “la realidad” que les agobia. O quienes recurren a ansiolíticos por el alto nivel de estrés ante requerimientos laborales o familiares que las sobrepasan. A veces, esa “realidad” que oprime no es más que una exigencia interna de agradar o complacer a los demás –por miedo a ser rechazados- o de cumplir con un estricto y rígido superyó (instancia psíquica que surge de internalizar un “deber ser” externo que luego se traduce en un agresivo y crítico juez interno).

Entender que dar lo máximo de nosotros mismos es dar lo que somos y podemos, es reconocer eso mismo: lo que somos y podemos. El camino es registrar amorosamente cuáles son nuestras capacidades reales en un momento determinado e independizarnos de ese crítico interno que nos señala con pretensiones de lo que deberíamos ser o hacer (por otra parte, ese juez internalizado que nos tortura nunca estará del todo satisfecho, hagamos o que hagamos). En este sentido, es bueno tener en cuenta que lo usual es creer que somos “estables” y tener la fantasía de que siempre somos los mismos, aunque lo cierto es que estamos en continuo cambio. A lo largo de la vida pasamos por diferentes crisis, por distintas etapas evolutivas, los roles y necesidades cambian, la energía física también. Incluso a lo largo del día tenemos momentos más lúcidos que otros. Nuestro estado físico puede cambiar de una semana a la otra por diferentes motivos, hormonales entre otros. ¿Por qué entonces exigirnos siempre lo mismo?

No es fácil escucharnos. Escuchar ese lugar más genuino de nosotros mismos que nos habilita a no tener que demostrar nada, a no tener que cumplir con lo que otro espera de nosotros, a no escuchar las demandas del afuera sin, paralelamente, escuchar los recursos internos. Comprender lo que nos hará sentir verdadero bienestar y desafiarnos: Quiero sentirme pleno. Quiero hacer lo máximo que pueda. Ni más, ni menos.

Porque si hacemos más de lo que podemos, nos dañamos a nosotros mismos, nuestra salud se ve comprometida y nos sentiremos víctimas y prisioneros de la realidad. Si hacemos menos de lo que podemos no nos sentiremos plenos, nos haremos reproches, nos sentiremos culpables y no estaremos dando a la vida todo lo que somos. Instalados en esta idea, hacer lo máximo que podemos será conocernos, tratarnos bien, liberar todo nuestro potencial y hacernos responsables de lo que somos.


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