Integrando opuestos


El domingo fue u día teñido de contradicciones y emociones fuerte.

Tuve el privilegio de ver en el teatro Cervantes la obra "Sagrado bosque de monstruos". Hugo Mujica, Marilú Marini y Julieta Vengas juntos en escena. Un deleite para el alma que se expandía mientras los textos de Inés Garland y Santiago Loza iban abriendo las puertas del imaginario de un mundo libre. Porque el concepto fundamental de la puesta, que es una versión libre de la vida de Santa Teresa de Ávila, es el de la libertad, la creatividad y el anhelo de abrir posibilidades. Por la mañana había recibido una foto de Mariano, mi hijo de 17 años, que estaba desayunando con Sara Russ. Hermosa y sonriente mujer de 91 años sobreviviente del Holocausto y madre de un hijo desaparecido durante la dictadura militar. Dolores inconmensurables que le deparó la vida y que siente la responsabilidad de relatarlos. Sara transmite esperanza cuando relata su vida teñida de dolor. Se la ve feliz haciendo lo que confía es su misión en este momento de su vida: “contar mi historia para que jamás se repita”.

Pero el día no termina ahí. El último impacto fue al enterarme del triunfo arrasador del ultraderechista Bolsonaro en nuestro vecino Brasil. Como si de dos mundos diferentes se tratara, el día estaba polarizado, como metáfora desgarradora de lo que sucede en el mundo…

Pienso en mí como terapeuta y persona. En la necesidad personal y de acompañar a los pacientes en el camino hacia la cura: la búsqueda de integración de luces y sombras, de los aspectos más expansivos con los más negados. Un camino que lleva a darnos cuenta cuánto proyectamos en el afuera nuestro lado oscuro… Algo así como cuando Hanna Arendt habla de la banalidad del mal… Intento respirar pausado e integrar en ese domingo las sensaciones de expansión y alegría con la contracción muscular y tristeza que me embargan. Pienso que la sanidad social pasa también por integrar opuestos, por sentirnos uno como sociedad y no “demonizar” a nadie. ¿Utopía? No, más bien un norte al que podríamos orientarnos como humanos. En lo individual y en lo social…

Llego a casa y escucho a Hugo Mujica en una entrevista “Lo sagrado no es lo que ya está constituido. Lo sagrado es la actitud del sujeto frente a la realidad, precisamente de subjetivarse, en lugar de cosificar la realidad. Lo sagrado es un acontecimiento, como Dios: no está constituido, está pasando en el acontecer de la vida” Me hace pensar que todo lo que viví es sagrado, porque todo está siendo, todo es obra del universo (o de Dios, si se prefiere). Lo que me gusta y lo que no me gusta. Sara Rus y Bolsonaro. Teresa de Avila y Trump. Me ayuda a aceptar pero también me responsabiliza y me invita a la pregunta: ¿cuál es mi actitud para formar parte de lo sagrado de la vida? Y la respuesta, fuera cual fuera, anhelo que surja de la libertad y no del miedo.


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